Marley

Llegó a nuestras vidas hace un año, un mes y 19 días . Era una fría mañana de un mágico seis de enero que jamás olvidaré. La casa de mi madre olía a café y me dolía la tripa por la cantidad indecente de panettone que había comido. IMG_3234.jpgRodeada de toda la familia, disfrutaba de la ilusión de los niños. Kilos de papel de regalo volando por el aire, risas, abrazos y un montón de imágenes a cámara lenta congeladas en la retina. Sentía tanto amor y tanta gratitud mientras pensaba en nuestra forma de vivir un día tan bonito, que no podía evitar quedarme absorta observando tanta felicidad en movimiento…
yyyyy.jpgEn ese momento mi burbuja se rompe cuando me encierran en un dormitorio para ser sospechosamente entretenida por mi madre y mis cuñadas. En el salón me esperaba una caja blanca y azul con cuadros de un verde tan lima que detonó mi emoción al ver que estaba completamente llena de agujeros. Toda la familia estaba colocada frente a mí y, tras unos cuantos “no puede ser”, allí estaba… Tenía un lazo rojo y se bebía mis lágrimas al llenar de besos mi cara. Nos miramos y sentí algo demasiado especial como para etiquetarlo con palabras. Yo continuaba llorando y mi sobrina me lo quitó de los brazos riendo. Creo que me senté en el sofá mientras lo veía y seguía sin poder asimilar nada. No lo hice hasta que pasaron algunos días y fui a firmar el contrato de adopción definitivo.

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Con una responsable de Valle Colino

Le pusimos Marley por “Una pareja de tres”y nació en el albergue comarcal Valle Colino, en el chenil de una preciosa Shih Tzu que había sido abandonada cuando estaba embarazada. La madre y su hermano contaban ya con una familia de acogida, pero él se iba a quedar solo con casi dos meses de vida.

Cuando cuento su historia y me dicen que tuvo muchísima suerte siempre contesto que los que la tuvimos fuimos nosotros. No importa el amor que reciba, la forma en la que ha cambiado y mejorado nuestras vidas hace que siempre esté en deuda con él.

Es mi hijo y mi mejor amigo. Es el que me recibe como si hubiera vuelto de la guerra 20 años después tras salir dos minutos a comprar pan. IMG_2584.jpgEs la empatía que veo en sus ojos cuando bosteza conmigo y la felicidad de ese rabito en movimiento al volver a casa en un mal día… Es todo eso y mucho más.

Conoce toda mi rutina y mejora cada momento de ella sin exigencias. Me espera en la alfombra con un juguete mientras escribo o hago llamadas y quiere volver a casa pronto cuando estoy cansada e ir al parque cuando sabe que tengo la tarde libre. Sí, lo sabe. Sé que lo sabe… Sabe cómo estoy y reconoce mi estado de ánimo. Me conoce.

IMG_8363.jpgLe gusta dormir con la cabecita sobre mi barriga para sentir el movimiento de la respiración. Estornuda cuando me pongo el Fleur d’Osmanthus de Roger Gallet y me persigue con amor – odio cuando voy con la aspiradora por toda la casa. Se acuesta bocarriba para que incluso los desconocidos lo acaricien y en su cabeza no existen malos ni maldad en el mundo… IMG_1700.jpgSu pasión es correr por el césped como una liebre y regalarle palitos a Lissi, su mejor amiga del parque. Le ladra a las olas y salta sobre ellas para revolcarse mojado en la arena. Duerme en la habitación de los niños cuando se quedan en casa y se pone en la puerta a esperarlos mucho antes de que lleguen.

Jamás imaginé que todo el amor y la ternura del mundo tomaran forma en algo tan pequeño… Hay algo más allá de su lealtad. Algo que supera su capacidad de hablar sin palabras… Ellos no nos decepcionan. A mí no me hace falta “conocer más al ser humano para querer más a mi perro”. Lo que me transmiten sus ojos es mucho más autentico, sincero y puro de lo que nunca he visto en los ojos de nadie. Él es Marley y me quiere simplemente por lo que soy, sin esperar nada de mí. Te quiero, pequeñajito mío.

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Sólo para solitarios

Hace algunos años tuve un sueño en el que veía con toda claridad la portada de un libro que yo misma escribía. La fotografía era simple. Bajo el título de “Sólo para solitarios” había una taza blanca y desportillada de café en una mesa de madera sin tratar con una silla vacía. Era un café a solas en una mesa para dos… Todavía recuerdo la sensación que tuve al despertar. Fue tan revelador que sentí la necesidad de escribirlo. Pasaron los meses y algunos capítulos tomaron forma en mi ordenador, pero con el tiempo y los acontecimientos la idea se llenó de polvo.

En mi cabeza necesitaba dar forma a todas esas cosas con las que la sociedad nos empaña la mente y la personalidad. Quería acabar con las ofertas 2×1, los cruceros del amor y los kilos de comida que se empeñan en vender más barato en el supermercado para ti sola. Quería asesinar a esa idea tan poco acertada de pareja. Sí, pareja, cual calcetines que terminan olvidados en un cajón al ser separados. Incompletos e inservibles si no permanecen juntos… ¿Eso somos?

No daba ni doy crédito cuando veo caras de sorpresa al contar que me encanta disfrutar de una taza de café sola en una cafetería, ir sola al cine y al teatro o caminar por la noche sin más compañía que la de la música que escojo según me pida el estado de ánimo.

Me repetía siempre que creía en el amor y que, por eso mismo, no lo practicaba. Valoraba el amor que veía a mi alrededor y jamás encontraba nada autentico. Inseguridad, dependencia emocional, autoengaño y kilos de conformismo…  Nacemos con un ideal al que dedicamos toda nuestra energía y tiempo en alcanzar y terminamos por aceptar y resignarnos con el que más se aproxima a esa persona imaginaria… Desgraciadamente la imaginación y la realidad nunca solapan bien los márgenes y lo que parecía un éxito termina convirtiéndose en decepción y fracaso. Sufrimientos y derrotas que ocurren por no ser capaces de conseguir la única victoria que merece la pena lograr: saber estar con nosotros mismos.

Nacemos y morimos solos, pero seguimos cargando en otra persona la responsabilidad y posibilidad de sentirnos completos y plenos. No se me ocurre nada más egoísta y absurdo… No. No nos enseñan a aceptar nuestra propia compañía y la soledad escogida está mal vista. Añadimos a nuestros logros una emoción que se elige tener… Sólo debemos pensar en lo que dicen dos personas al ponerse al día después de un mundo sin verse: me licencié, estoy trabajando en esta empresa, me ME CASÉ y estoy viviendo en el mismo pueblo que Petunia. Ella se casó con Petunio y ahora puede respirar, hacer la fotosíntesis y tener cerebro. No, por favor.

El amor no es algo más en una lista de cosas por hacer ni un mérito. Tenemos el vicio de salir a buscar quimeras para completar puzzles que están ya completos. La felicidad es una actitud que elegimos tener. No se está ni se busca. Se ES, decidimos serlo. Las carcajadas y las risas fingidas y prolongadas segregan las mismas sustancias en nuestra cabeza.

Creo en el amor que es todo menos lo que mal etiquetamos constantemente por presión social y, tristemente, individual. Creo en el solo que no necesita tilde. Creo en una amistad sin exigencias con atracción física y apoyo emocional constante. Creo en el amor que no completa ni modifica. Creo en el amor que hace brillar más a dos piedras ya perfectamente pulidas.

Todo y nada que decir

Las cosas que tengo que contar se acumulan y forman nudo. Taponan mi mente y hacen bola en la garganta. No, las ideas no salen de una en una… Se colapsan en la línea de salida junto a todas esas injusticias licenciadas en agriar cuanto existe. Aparecen temblando en cielos limpios que terminan nublándose en las noticias y, se pierden… Se pierden en la desgana y la incomprensión de esta especie que cada día me decepciona más. Podemos elegir plantar árboles en un mundo contaminado y hacer peso en el lado bueno y optimista. Regar con lágrimas el suelo seco y mantener la esperanza, pero las nucas acaban por no resistir la mirada del cazador furtivo. El talador de árboles persiste y espera cada despiste para cortar el oxígeno por el que hemos perdido el sueño. Sí, en un segundo se puede poner fin a mil noches de insomnio y preocupación…

Me duele el planeta y me asombra el límite inexistente de maldad al que nos hemos acostumbrado. Sueño con el día en el que seamos capaces de vernos como lo que somos: personas. No es tarde para recuperar lo de humanos y dejar de enarbolar el ser.

 ¿Compartir? No, hacer.

De puntillas

Vivo en una isla, rodeada de agua y abrumada por la valentía con la que el horizonte me despista. Los días transcurren con momentos llenos de reflexiones, de silencios y espacios vacíos… Agujeros negros por los que me pierdo con introspecciones de límites incalculables. Sí, mi mundo es solitario la mayor parte del tiempo y, no consigo perder el equilibrio sin dejar de llevarme alguna decepción durante el tambaleo.

Cuánto más me conozco, menos sé a dónde voy, a dónde vamos. Entonces salgo de puntillas, dejando huellas diminutas en la arena. Aguantando mis castillos en el aire y luchando antes las pequeñas injusticias que mis ojos alcanzan a ver. Extraviada y sin dar crédito. Huyendo con el optimismo inocente de una botella de agua de medio litro a punto de agotarse.

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Raining days

Escribo mientras la lluvia choca contra el cristal de la ventana y hace que me inunde el olor a tierra mojada. Es curioso cómo el otoño lo desnuda todo. Tan gris, tan vulnerable… Millones de sensaciones se cuelan estos días en el movimiento de la ciudad y, como por arte de magia, sin que apenas nos demos cuenta, nos descubrimos pensativos mientras vemos paraguas moverse en la distancia bañados por el mismo agua que limpia el aire, que nos limpia… Respiramos y el olor a cambios se mezcla con el del incienso de sándalo. Nos sentimos protegidos y agradecemos a la vida el espectáculo que nos ofrece, robando tiempo al tiempo y regalándonos cada instante, cada detalle… Entonces el mundo se vuelve casa, y la casa forma parte del mundo, y el equilibrio nos acaricia diciéndonos que todo irá bien.

Sonreímos y lo que pensamos se empaña en el cristal para que dibujemos con el dedo lo que soñamos despiertos. Soy cuanto existo en este día lluvioso que mima la mejor parte de mí. La de los soliloquios en soledad, la de ningún lugar, la que se empapa con el mundo.

A veces

Algunas veces echo de menos aquella ignorancia de la infancia, aquella inocencia que me hacía sentir confianza en el mundo, entonces más seguro y menos malo…

Algunas veces me sorprendo corriendo hacia ninguna parte buscando protección, buscando ponerme a salvo de decepciones…  Y me pierdo cuando despierto y contemplo que el tiempo me ha robado el mirar las cosas con esa transparencia pura que hay en los ojos de los niños, con esa confianza y fe en el mundo…

Y me miro en el espejo, y cuido de no perder el brillo, y dilato al máximo las pupilas, y limpio mi actitud de legañas…

Entonces huyo de lo que no me gusta, y me refugio en lo que queda de esa niña, y me pierdo, y me encuentro…

 

I loved you first

Una vez, alguien (sabrás quién eres) me dijo “el mejor momento es el que tú quieres que sea”. Hay tanta belleza a nuestro alrededor, tantos amaneceres por ver, tantos libros por leer, conversaciones por mantener, te quieros que pronunciar y escuchar… La vida puede ser maravillosa. La esperanza y el optimismo nos hace libres y, hay que practicar cada día una nueva versión, la mejor versión, de nosotros mismos. Es imposible no llegar a ninguna parte poniendo un pié tras otro, es imposible no respirar y sonreír. No existen los no motivos. Mezclando unos pocos colores se obtiene una gama completa de tonos… Después de todo, ¿qué somos sino carne y sentimientos buscando llenar un espacio dentro del espacio?
No olvides nunca de disfrutar la soledad, de completarte y completar esa nube cromática, de querer y dejarte querer. Recuerda, no existe el no cariño. Incluso el viento y el Sol nos acarician cada día.
No permitas nunca que alguien se vaya con un estado peor al que tenía antes de verte. Actúa como actuarías contigo, como te gustaría que actuaran contigo. Deja las cosas como te gustaría encontrarlas. Soluciona más que crea problemas y, siempre, escucha sin prisas, sintoniza y modula el sufrimiento. Ayudar es gratis y, tal vez, sea lo más rentable y egoísta del mundo… Da más veces las gracias y, al mirarte al espejo, quiérete como si fueras la única persona del mundo.
No busques respuesta a quién eres y a dónde vas. Nunca lo sabrás ni llegarás del todo. Lo único que nos pertenece es el asfalto en el que están nuestros pies en este momento y, lo que somos es una respuesta a una pregunta que siempre llega y, llegará, tarde para cuando sepamos poner algo tras el interrogante.
Juega a tapar el Sol con el dedo y, prueba a sonreír a alguien desconocido por la calle. El equilibrio proviene del caos y, este último nos rodea en opuestos. No tengas miedo de tener miedo. Permite ser.
“Solo se muere una vez”, no luches contra el tiempo, camina con él. 
La vida puede ser maravillosa… Después de todo, ¿qué somos sino carne y sentimientos buscando llenar un espacio dentro del espacio?

Mucho de mí

Qué bellos tiempos. Incluso cuando la memoria no alcanza a recordar cuán felices hemos sido, un olor, un sonido se encarga de revivir sonrisas y brillos que creíamos olvidados. Es curioso que el mirar atrás provoque tantas cosas. Tal vez sea porque lo hago poco y mi retina apunta siempre al frente pero, en algún lugar de mi mente, sé y supe que formé parte de ese fragmento del presente que vivía y vivo. Hoy no llevo orejitas ni purpurina en los cachetes, pero mis ojos siguen poniendo la misma forma cada vez que sonrío.

Así somos

Pensamos de más, todo el tiempo y, nos pasamos buscando sentido a cosas que existen por, precisamente, carecer de él. El mundo está lleno de vidas no planeadas. Metas a corto y largo plazo, caos, desorden y, si al final queda algo de tiempo, con suerte nos sorprenderemos a nosotros mismos intentando encontrarnos. ¿Se consigue eso alguna vez?
La cuestión es que, cada día, nos enfrentamos a ese desconocido nuevo que aparece en el espejo. Llega la noche y nos convencemos de que no ha estado mal, girándonos hacia otro lado y cargando a la almohada con el mismo vacío una y otra vez. Cada noche. No seríamos nada sin el autoengaño y, a menudo, sobrevivimos atendiendo y desatendiéndonos. 
Miramos al cielo y parece que, incluso las nubes, van por su cuenta en esa burbuja de pesimismo y negatividad de estos tiempos difíciles. La realidad pierde contraste por minutos y, no podemos hacer nada para evitarlo. Esa es otra de las cosas que tampoco tienen sentido. La cuestión es que vinimos al mundo por algún motivo y, lo abandonaremos sin terminar de conocerlo. Sin terminarnos de conocer. 
Corremos y competimos a ninguna parte y, ese sitio en el que decir “este es mi lugar” queda sin tiempo para construirse. Así somos, castillos en el aire de dimensiones y expectativas desproporcionadas, demasiado grandes para encontrar un espacio. Demasiado caro.
Balcones llenos de personas que miran la Luna sin tener a nadie en quién pensar y, ojos sin brillo que han perdido la esperanza de que las cosas puedan cambiar. Tal vez, sea ese el comienzo, el motivo y la lección más importante. Después de todo, vinimos al mundo por algún motivo y, lo abandonaremos sin terminar de conocerlo. Sin terminarnos de conocer. 

I’ll be back

Todo termina. Se sabe incluso antes de que pueda, si quiera, comenzar. No vuelvas a querer empezar algo que nunca tuvo inicio ni, mucho menos, a poner fin a algo que jamás existió. 

Es curioso como, sin ningún cuidado, pasa gente por el “pañuelo” y, se marcha dejando arrugas, dudas y, tumbando aquello que tanto tiempo costó desaprender. La soledad es una asignatura pendiente, difícil de aprobar y, desafiante en sus notas de corte. 

Cuatro puntas y un despiste han bastado para tener que poner la lavadora. No quiero manchas y, tú eres una lejía demasiado cara.

Te vas, claro que nunca viniste y, volverás a existir en mi cabeza. Ojalá pudieras verte a través de mi imaginación… No se si nunca te he esperado o, si te he esperado siempre.

Todo termina. Se sabe incluso antes de que pueda, si quiera, comenzar.