Delirios de un ombligo cardado de plástico

Respiraban el mismo oxígeno, pero nunca exhalaban en la misma dirección. Paseaban sincronizando sus pasos hacia destinos diferentes que jamás tendrían una secante lógica…

Rozaban el vértice de sus ideas más íntimas, pero vivían en sistemas sexagésimales paralelos con ángulos que procuraban posturas incómodas. Tantos grados y ninguna copa de vino salvada en aquella noche en la que la aritmética dejó de ser una ciencia exacta.

Intentaron solapar las sombras gigantes de sus áreas sentimentales, pero la vida sólo les demostraba que cada día era una resta de conciencia, un golpe de realidad a base de polígonos irregulares sustentados más allá de nuestro control y comprensión.

Somos figuras imperfectas que se revuelcan en el caos de un mundo que no nos pertenece.  No vamos a ninguna parte ni somos de nadie. Existimos y, existiendo, escribimos borradores de historias con lecciones que no aprendemos. Un círculo vicioso de autodestrucción y egoísmo que aplasta lo que podría haber sido.

Su existencia llenó de contaminación cuanto les fue dado… Y ya no había barro ni aire ni números que salvaran e hicieran retroceder la consecuencia de su presencia insignificante en el universo.

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